La rebelión de las massas

La rebelión de las massas

10/01/2018

Iván Primo Bornes nació en Uruguay en los convulsionados 70. Llegó a Brasil con 9 años luego de que sus padres decidieran dejar el país y la dictadura que se ponía cada vez más espesa.

En Brasil, Wladimir y Mirta  dieron forma a su nueva vida acompañados por sus tres hijos (Mónica, Alexandra e Iván). Sobre aquellas épocas, Iván cuenta en el blog que publica periódicamente en Estadao: “la vida familiar siempre estuvo muy ligada a los negocios de mis padres y los negocios siempre estuvieron ligados a un estilo de vida con participación activa en la opinión política”. Sus padres eventualmente escribían artículos en diarios de izquierda sobre "cuestiones del trabajo artesanal, de método de trabajo, de la necesidad de organización en cooperativas o empresas”, recuerda. En esta “charla” vía mail, nos cuenta cómo desarrolló Pastificio Primo, su floreciente negocio de pastas artesanales, y cuáles son sus planes de expansión.

¿Cuántos años llevas en Brasil y desde cuándo con Pastificio Primo?

Vine con mis papás a Brasil en 1979, con 9 años. Con 17 años viajé a Europa, como mochilero, un par de años. Pasé por España e Italia. Había muchos uruguayos en Suecia, y pasé una temporada por allá también. Después pase un año en las montañas de Mendoza, en Argentina. Finalmente me instalé en Porto Alegre donde mis padres vivían en aquel momento, y es donde empecé a hacer pasta. En 2010 vine a San Pablo con el objetivo de abrir el Pastificio Primo.

¿Venís seguido a Uruguay?

Sí, voy seguido. Montevideo nos encanta. Mis hermanas y mis sobrinos viven todos en Uruguay y mis padres volvieron a Uruguay hace unos años. De San Pablo a Montevideo son apenas 2 horas de viaje de avión. Y estamos haciendo los pasaportes uruguayos a nuestros hijos de 5 años. Uruguay es el lugar donde siempre retornamos.

No es común ver fábricas de pastas en Brasil... ¿Cómo descubriste que podía ser un buen negocio?

Es verdad, en Brasil la fabricación artesanal de pastas era un negocio casi desconocido. Y yo, por otro lado, crecí comiendo pasta casera. Mis abuelos vivían en un apartamento en la calle Libertad (Pocitos), y abajo había una fábrica de pasta llamada La Domenica. Comíamos pasta todos los días. Pero el descubrimiento del negocio ocurrió en un viaje a Italia, visitando parientes. Fue cuando me di cuenta que hacer la pasta era realmente lindo e interesante. Así nació el sueño de hacer pastas en Brasil. Me llevó muchos años de planificación, estudio y trabajo hasta empezar, para hacer una fábrica que tuviera la cara moderna y una relación diferente y más divertida con los clientes. Tengo grandes amigos con fábricas de pastas en Uruguay, donde aprendí muchísimo. Recuerdo con especial cariño a Henry Pesca, el gran Maestro Italiano, de Maldonado.

¿Cuántos kilos de pasta fabrican al mes? ¿Cuáles son las que más gustan a los brasileños?

La red del Pastificio Primo fabrica más de 5 toneladas de pasta artesanal por día, sin contar las salsas. Al brasileño le gusta todo lo que es diferente, colorido, divertido. En especial los sorrentinos; creo que fuimos pioneros en traer los sorrentinos a Brasil, al gran público. Y desarrollamos varias técnicas de pastas con colores, pastas de diversas regiones de Italia, de todos los inmigrantes italianos. En el Pastificio Primo tenemos más de 50 pastas diferentes todos los días, fuera de las personalizaciones que pueden ser hechas para veganos, alérgicos y clientes que quieren productos con rellenos especiales.

¿Cuántos locales tienen en Brasil y cuántos planean abrir en los próximos años?

Hoy en dia tenemos 10 fábricas de pastas en Brasil: 5 en San Pablo y 5 franquicias en Salvador, Belo Horizonte, Fortaleza y Sorocaba. Queremos abrir 3 nuevas unidades en 2018. Todas nuestras franquicias son unidades productivas completas. Nuestros franquiciados son como socios, son artesanos entrenados.

¿Tenés intenciones de sacar la franquicia fuera de Brasil? ¿Te interesaría traerla a Uruguay?

Hay gente interesada en llevar el Pastificio Primo a Estados Unidos, a Portugal, y a Australia. Pero todo son planes a largo plazo. En Uruguay no tenemos nada, ya hay bastante gente buena luchando, no cabemos más. Mi foco es Brasil, donde todavía hay mucho mercado a ser conquistado.

Me encanta el interés que nuestro negocio despierta, mucho más allá del lucro o la rentabilidad, el Pastificio Primo es muy interesante para toda persona que quiere invertir en salud, en hacer un producto que tenga orgullo. Es muy lúdico, y la gastronomía es algo muy placentero de trabajar.

¿Cuánto cuesta una franquicia de Primo?

Son varios modelos, y cada modelo tiene un precio. En nuestra página web hay informaciones completas sobre el tema.

Sos muy inquieto y emprendedor... ¿tenés algún otro proyecto en mente?

Hay veces que tengo curiosidad por otros negocios, pero pasa rápido. El Pastificio Primo tiene mucho trabajo a ser desarrollado todavía, me divierto y me siento totalmente cautivado por todo lo que hacemos. Aparte, tengo mellizos de 5 años. Y viajamos bastante, sea por mi trabajo o por el trabajo de mi mujer, que es periodista. Así que, por eso no sobra mucho tiempo para otros proyectos (se ríe).






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